La tristeza, entendida como un abatimiento del ánimo, una aflicción constante que impide al ser humano experimentar alegría por su propia existencia.
Todos pasamos por pruebas que nos generan tristeza pero debemos tener la certeza de que Jesús está con nosotros para no sumergirnos en la melancolía, que nos lleva a vivir en el placer del no placer, es como comer un caramelo amargo. Por muy llena que esté la vida de contradicciones, de deseos incumplidos, de sueños no realizados, de amistades perdidas, gracias a la resurrección de Jesús podemos creer que todo se salvará. Jesús ha resucitado no sólo para sí mismo, sino también para nosotros, a fin de rescatar todas las felicidades que no se han realizado en nuestras vidas. La fe expulsa el miedo, y la resurrección de Cristo quita la tristeza como la piedra del sepulcro. Cada día del cristiano es un ejercicio de resurrección. Georges Bernanos, en su famosa novela Diario de un cura rural, hace decir al párroco de Torcy lo siguiente: "La Iglesia dispone de la alegría, de toda esa alegría que está reservada a este triste mundo. Lo que han hecho contra ella, lo han hecho contra la alegría". Y otro escritor francés, León Bloy, nos dejó esta maravillosa frase: "No hay más que una tristeza, [...] la de no ser santos". Que el Espíritu de Jesús resucitado nos ayude a vencer la tristeza con la santidad.
Tomado de la catequesis de hoy del papa Francisco sobre los vicios y las virtudes.
La tristeza, entendida como un abatimiento del ánimo, una aflicción constante que impide al ser humano experimentar alegría por su propia existencia.
Todos pasamos por pruebas que nos generan tristeza pero debemos tener la certeza de que Jesús está con nosotros para no sumergirnos en la melancolía, que nos lleva a vivir en el placer del no placer, es como comer un caramelo amargo.

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